miércoles, 16 de febrero de 2022

España rechaza la patente unitaria europea por el idioma

 


lavanguardia.- Se ha tardado casi 50 años. Después de eternas discusiones, finalmente la patente unitaria europea ha arrancado. En los próximos doce meses tomará forma. Lo anunciaba hace poco la Comisión Europea. “Ha sido un camino largo y difícil”, dijo el comisario Thierry Breton.

 

¿En qué consiste el nuevo sistema? Hasta ahora, tras la autorización correspondiente de la Oficina Europea de Patentes (OEP) en Munich, el solicitante tenía que ir país por país para exigir el reconocimiento de su derecho de protección. Con el nuevo sistema, una vez que entre en vigor, el solicitante de la patente podrá, con una única petición ante la OEP, tener validada la protección de su invento de forma automática en los países que se han acogido a este mecanismo.

La empresa que quiera defender y explotar económicamente sus inventos obtendrá mayor cobertura territorial y a un precio más asequible, mediante una única ventanilla, de forma más rápida, con menos costes y menos burocracia.

Asimismo, se va a instaurar un tribunal unificado, que tendrá dos sedes (París y Munich) y con toda probabilidad una tercera (Milán o Ams­ter­dam, que ocupará el lugar dejado por la salida del Reino Unido tras el Brexit). El objetivo es proporcionar seguridad jurídica, crear una jurisprudencia nueva y armonizar criterios. Se evitarán incongruencias judiciales entre las distintas normas vigentes en cada país.

Los ahorros, según la UE, son relevantes. Los costes de renovación en el arco de diez años serían de tan solo 5.000 euros, en contra de los 29.000 anuales. Un estudio anterior de la Universidad Politécnica de Madrid calculó que, en comparación con el sistema actual, a lo largo de 15 años el ahorro de costes de mantenimiento sería del 60%.

Potencialmente hablamos de un instrumento jurídico susceptible de estar en vigor en 25 países europeos­, aunque de momento hay solo 17, entre ellos los principales estados miembros: Alemania, Francia, Italia. Pero no está España, que ha decidido excluirse. ¿Por qué motivos? ¿Están justificados?

La principal reivindicación es que el castellano –a diferencia de lo que ocurre con la Oficina Europea de Marcas y Diseños Industriales– no es idioma oficial. Porque solo se admiten el alemán, el francés y el inglés­.

No es tanto un problema que tendrían las empresas españolas a la hora de solicitar la aprobación de su patente unitaria en la OEP (con el sistema actual, el castellano tampoco está admitido) como que, si se vieran inmersas en un litigio ante el futuro tribunal unificado sobre nulidad o violación de los derechos de la patente unitaria, no se podrá debatir en español. Esto supone una desventaja competitiva, además de posibles perjuicios procedentes de los tiempos prolongados de traducción, mientras se demoran las inversiones tecnológicas ya llevadas a cabo por la compañía.

Y esto suscita, en ambientes jurídicos, quejas que van desde “la discriminación de las empresas que no tienen como lengua oficial una de las exigidas”, pasando por la “restricción encubierta del comercio de los estados miembros” hasta el no garantizar la igualdad de las oportunidades” y “la fragmentación del mercado interior”.

 

“Supondrá una ventaja para las pymes. Pero además reducirá la distancia entre los costes de la protección en Europa comparados con EE.UU., Japón y otros países. Impulsará la inversión en I+D y facilitará la transferencia de tecnología en el mercado único”, asegura la Comisión Europea.

Los agentes y bufetes españoles no quieren renunciar a su negocio local en España

Las objeciones se centran también en el hecho de que, al no poderse publicar en español, el contenido de la patente no tendrá toda la difusión e influencia que debería tener.

En cuanto a los anunciados ahorros de costes, algunos colectivos discuten los cálculos de la Comisión, porque para las pymes al final la factura sería incluso superior a la actual al tener que costear traducciones elevadas en caso de pleitos.

A su vez, el sistema de armonización de patentes es poco flexible para las compañías más pequeñas, que no necesitan tener protección en tantos territorios. “La patente unitaria tiene ventajas y desventajas”, matiza Enric Carbonell, agente de propiedad industrial de ABG Intellectual Property Law.

Una manifestación de investigadores, en Madrid

Una manifestación de investigadores, en Madrid

Gustavo Valiente / EP

Además, recuerda, con la jurisdicción centralizada, cualquier decisión judicial negativa sobre la patente, al ser tomada por un único tribunal unificado, tendría repercusiones en todos territorios, mientras que ahora se podría perder en un país, pero ganar en otro. A diferencia del sistema actual, con una única sentencia adversa se perdería la protección en todos los estados que participan en el mecanismo. “Es como poner todos los huevos en la misma cesta”, considera.

Sin embargo, la postura española es difícil de entender según como se mire. Varias fuentes jurídicas consultadas –que prefieren el anonimato– opinan que lo del idioma suena a “excusa” o “pretexto”.

Instalaciones

Al quedarse fuera, España renuncia a pelear para tener una sede local del tribunal

“Por poner un ejemplo, tampoco el italiano está entre los idiomas oficiales, pero Roma ha optado por entrar y negociar para conseguir una división del tribunal unificado en Milán. ¿No hubiera sido mejor entrar en el sistema europeo de patente unitaria para cambiar las cosas desde dentro? “, se pregunta el consultor Josep Maria Pujals.

Un inciso: las tres lenguas oficiales son las mismas desde 1977. Italia y España presentaron un recurso ante la Corte de Justicia y en el 2013 perdieron el juicio. Pero Italia optó por sumarse. España, no.

Sobre este punto vuelve a la memoria lo que ocurrió en los años álgidos del procés , cuando Barcelona perdió la oportunidad de quedarse con la Agencia Europea del Medicamento. Son numerosas las voces que lamentan cómo la capital catalana dejó pasar otro tren, porque gracias a su ecosistema innovador y a la potente industria farmacéutica hubiera podido reivindicar por lo menos una sede local de este nuevo tribunal especializado en patentes. Pero no parece que las autoridades locales presionaran o reivindicaran esa posibilidad para la ciudad. Ni tampoco el Gobierno central parece haber estudiado esta opción.

También hay quien argumenta que la postura de Madrid en contra de la patente unitaria está motivada por razones políticas. “El Ejecutivo no quiere dar la impresión de que no defiende el castellano, porque no está dispuesto a dejar el tema de la protección del idioma en manos de los partidos de la oposición”, razonan expertos legales. Otras fuentes jurídicas subrayan que la posición de Madrid lo que busca en realidad es “proteger el negocio doméstico de bufetes y agentes de la propiedad industrial españoles, que de esta manera continuarán desempeñando su actividad de validación de las patentes en el territorio español, una labor que se hubiera convertido en superflua si España hubiera decidido participar desde el comienzo en la patente unitaria”.

Por su parte, algunos jueces no ocultan su malestar por la autoexclusión de España, porque perjudica sus avances de carrera y oportunidades profesionales, al no poder participar de la nueva jurisprudencia comunitaria y perder la posibilidad de acceder a una mayor especialidad jurídica.

Tribunales

Sin el castellano, las pymes pueden sentirse desplazadas a la hora de pleitear

Por último, renunciar de entrada al sistema refleja poca voluntad de luchar en la liga de la innovación global. “En lugar de aprovechar los beneficios de la patente unitaria para hacer más competitivas las empresas españolas en la aldea global, se ha optado por una visión cortoplacista. Como España exporta poca tecnología hacia Europa, las empresas prefieren seguir como ahora para asegurarse, en caso de vulneraciones de patentes en su territorio, tener un juicio en un idioma que conocen”, recalcan fuentes jurídicas.

Eso sí: como el sistema de la patente unitaria es abierto, las pymes españolas siempre podrán, si así lo desean, pedir una protección bajo el nuevo sistema. Lo único es que la patente no tendrá validez de forma automática en España, y tendría que hacerse la gestión para conseguir la protección española. Un mal menor, al fin al cabo. ¿Pero merece la pena?