Ningún desarrollismo puede aprobar este tratado.
Las organizaciones sociales, sindicales, campesinas y de mujeres de Argentina declaramos nuestra firme oposición a la aprobación del Acuerdo Mercosur-Unión Europea en el Congreso Nacional.
Este acuerdo profundiza
la asimetría estructural entre bloques y condena a nuestro país a un
modelo extractivista que solo beneficia a las corporaciones europeas y a
las élites agroexportadoras locales, socavando la posibilidad de un
desarrollo soberano y sustentable de nuestro país así como el
cumplimiento de las necesidades y derechos de la inmensa mayoría de
nuestra población.
Entre 2019 y 2024, mientras el acuerdo se reabrió
a negociación y se incorporaron ajustes menores, ningún cambio
benefició a la ciudadanía argentina. La Unión Europea busca asegurar sus
cadenas de suministro en el contexto de crisis del orden liberal,
relegándonos al rol de proveedores de alimentos, energía y minerales
críticos, sin transferencia tecnológica ni desarrollo industrial.
Aprobar
este acuerdo puede entenderse como una sentencia de muerte al Mercosur:
destruye los pilares que lo sostuvieron —el Acuerdo Automotriz y el
Arancel Externo Común— y consagra la fragmentación del bloque en función
de intereses que nada tienen que ver con la integración sudamericana ni
con el desarrollo de Argentina.
Diez razones para rechazar el Acuerdo Mercosur-UE:
1.Es industricida
Este
acuerdo destruye la estructura productiva del Mercosur. Liberaliza
completamente el sector automotriz en 10 años, desmantelando el Acuerdo
Automotriz y el Arancel Externo Común que constituyen el corazón mismo
del Mercosur. Los sectores industriales sensibles —automotriz,
metalmecánica, química, farmacéutica— quedarán expuestos a competir con
empresas europeas que operan con mayor escala, productividad,
financiamiento y subsidios públicos masivos.
2. Destruye puestos de trabajo
En
2017, la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo
(UMET) estimó que se perderían cerca de 180.000 puestos de trabajo
industriales por este acuerdo. Estos empleos no se recuperarán jamás. La
desindustrialización que promueve el tratado condena a miles de
familias trabajadoras al desempleo estructural y la precarización
permanente.
3. Aniquila a las PyMEs
El
acuerdo plantea la apertura total desde el día uno para sectores como
calzado, marroquinería, muebles, sector lácteo, aceite de oliva y frutas
enlatadas. Las pequeñas y medianas empresas, que no pueden competir con
la escala y los subsidios de las corporaciones europeas, desaparecerán.
Esto significa el cierre de fábricas en todo el país, la destrucción de
economías regionales y la concentración de la producción en grandes
grupos económicos. Esto no es una especulación: ya ha sucedido con otros
acuerdos comerciales que firmó la UE, como con Colombia, donde el
sector lácteo campesino fue destruido por la competencia de las grandes
corporaciones lácteas europeas.
4. Restringe el espacio para la política estatal
El
tratado incorpora disciplinas en servicios, inversiones, compras
públicas, propiedad intelectual, normas técnicas y medidas sanitarias y
fitosanitarias. Esta arquitectura jurídica reduce el espacio disponible
para impulsar industrialización, desarrollo tecnológico y regulaciones
ambientales o sanitarias más exigentes. Cualquier política de desarrollo
puede ser interpretada por la contraparte como alteración de las
condiciones del acuerdo, atando las manos del Estado para regular en
favor del interés público.
5. Impide que las compras públicas sean parte de una política de desarrolloAunque
Brasil logró negociar ciertas excepciones durante la renegociación de
2024 —como la exclusión del sistema nacional de salud (SUS) y umbrales
más altos—, el acuerdo mantiene obligaciones de trato nacional para
proveedores europeos en compras públicas que limitarán
significativamente el uso de las licitaciones del Estado como
herramienta para fortalecer la industria nacional, generar empleo y
promover el desarrollo tecnológico. El resto del Mercosur, incluyendo
Argentina, quedó con menores márgenes de maniobra. El poder de compra
del Estado, que debería servir para impulsar capacidades productivas
locales, quedará comprometido frente a la competencia de empresas
europeas con mayor escala y financiamiento.
6. Profundiza la reprimarización económica
Los
únicos sectores beneficiados son los agroexportadores de carne vacuna,
que esperan ansiosos la ampliación de la cuota europea. Este acuerdo
consolida un modelo donde Argentina exporta commodities sin valor
agregado mientras importa bienes industriales, perpetuando nuestra
dependencia y vulnerabilidad externa. No genera encadenamientos
productivos, no crea empleo de calidad, no transfiere tecnología.
7. Ataca aún más a las mujeresEl
impacto diferencial de género es evidente: la destrucción del empleo
industrial afecta especialmente a trabajadoras en sectores vulnerables.
La apertura de servicios y las restricciones en propiedad intelectual
impactan directamente sobre servicios públicos y acceso a medicamentos,
sectores donde las mujeres son usuarias principales y trabajadoras
mayoritarias. La precarización laboral y el desmantelamiento de
capacidades estatales recae desproporcionadamente sobre las mujeres, que
sostienen los cuidados cuando el Estado se retira.
8. Entrega la propiedad intelectual
El
capítulo de propiedad intelectual establece compromisos que van más
allá de la OMC, creando barreras adicionales para el acceso a
medicamentos, el desarrollo tecnológico y la transferencia de
conocimiento. Estas normas protegen las rentas monopólicas de las
corporaciones farmacéuticas y tecnológicas europeas, encarecen los
medicamentos y dificultan el desarrollo de capacidades locales de
innovación.
9. Profundiza la dependencia, el extractivismo y la crisis climática
El
acuerdo consolida a Argentina como país dependiente, proveedor de
materias primas sin valor agregado para satisfacer la demanda europea de
alimentos, energía y minerales críticos para su transición energética.
Quedamos así atrapados en un modelo extractivista que impide el
desarrollo de una economía estable y diversificada y expande la frontera
agrícola-minera-hidrocarburífera bajo control externo. Profundiza el
monocultivo, multiplica los impactos nocivos en la salud por el uso de
agroquímicos, acelera la deforestación y las amenazas a nuestra agua.
Los compromisos ambientales del acuerdo son declarativos y no
vinculantes: no hay mecanismos efectivos de sanción si se violan. Europa
importará commodities baratos sin asumir responsabilidad por el impacto
ambiental de su producción, mientras nosotros cargaremos con la
degradación social y territorial, la pérdida de biodiversidad y las
consecuencias del colapso climático.
10. Es opaco y antidemocrático
Fue
negociado sin mostrar estudios de impacto desde la Cancillería. El
Congreso argentino está siendo presionado para votar sin contar con
datos oficiales sobre los impactos esperados en empleo, industria,
ingresos fiscales, balanza comercial y derechos sociales y ambientales.
Esta opacidad no es accidental: es funcional a un acuerdo que no resiste
el escrutinio público, no ha permitido el conocimiento, debate y
participación popular ni puede justificarse ante la ciudadanía.
Llamamos
a las y los diputados y senadores del Congreso de la Nación a rechazar
este acuerdo. No hay desarrollo posible cuando se destruye la industria,
se precariza el empleo y se subordina la libertad y la soberanía a los
intereses extranjeros y las élites agroexportadoras locales. Este
tratado no es técnico ni neutral: es una decisión política que define el
futuro de nuestro país. Rechazarlo es defender el derecho al trabajo, a
la industria nacional, a la soberanía alimentaria y a la posibilidad
misma de construir un proyecto de desarrollo autónomo. El Congreso debe votar contra el Acuerdo Mercosur-UE, así como también lo ha hecho el Parlamento Europeo por motivos propios.
Asamblea Argentina Mejor sin TLC
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