Asociación Vida Sana.
Una encuesta reciente llevada a cabo por la organización No Patents son Seeds! (¡No a las patentes de semillas!) ha puesto de manifiesto que el 80% de los ciudadanos europeos está en contra de esta práctica. La encuesta no incluye nuestro país, pero seguramente el resultado no sería muy distinto. Aunque la mayoría de la población desconoce los detalles de esta práctica, la idea de patentar una semilla nos lleva intuitivamente al rechazo.
El sistema de patentes, pensado para productos químicos y máquinas, se ha expandido en las últimas décadas a humanos, animales y plantas. Aunque la ley especifica que plantas y animales no se pueden patentar, en la Oficina Europea de Patentes actualmente hay registradas más de 3.500 plantas gracias a la ingeniería genética. Algunas patentes van incluso más allá de la propia planta e incluyen procesos. Por ejemplo, Heineken tiene patentado, no solo la cebada, si no todo el proceso de producción de la cerveza.
Cuatro empresas, DowDuPont, Bayer, BASF y Syngenta, controlan el 70% del mercado mundial de semillas. El Parlamento Europeo va a votar en breve si permite que las variedades obtenidas por nuevas técnicas genómicas se equiparen a cualquier semilla obtenida por selección natural. Aunque no está en la lista de las principales preocupaciones de las personas, debería preocuparnos, y mucho, porque sin la libre disposición de semillas no hay soberanía alimentaria.
