Por Alexandre Pinsach
El año 2025, designado como el Año Internacional de la Ciencia y la Tecnología Cuánticas, representó un punto álgido de la física cuántica en el que conceptos abstractos como la superposición de estados, el entrelazamiento cuántico o el efecto túnel, que antes no salían de los laboratorios y las universidades, pasaron a ocupar un lugar central en la planificación industrial y las carteras de propiedad industrial de muchas empresas.
Este nuevo paradigma ha desencadenado un crecimiento sin precedentes de la actividad de patentes en el ámbito cuántico en los últimos tiempos. Desde 2005, el número de familias internacionales de patentes relacionadas con tecnologías cuánticas se ha multiplicado aproximadamente por siete, registrando además un crecimiento anual del 20% desde 2014. Esta actividad ya no trata solo de dispositivos, sino que persigue asegurar el control de las tecnologías fundamentales que permitirán dominar la física cuántica aplicada y sus futuras aplicaciones industriales.
Uno de los ejemplos más significativos es el trabajo de los laureados con el Premio Nobel de Física 2025 John Clarke, Michel Devoret y John Martinis. Entre 1984 y 1985 descubrieron que el efecto túnel cuántico y la cuantización de la energía (fenómenos que antes se creía que existían únicamente en átomos y partículas subatómicas) podían reproducirse en circuitos superconductores macroscópicos. Este avance sentó las bases de la computación cuántica moderna, transformando física pura en propiedad industrial protegible (y de enorme valor).
Nos encontramos ante una rápida conversión del descubrimiento científico en activos comerciales. La elevada frecuencia con la que las patentes cuánticas citan literatura que no es del ámbito de las patentes (alrededor del 33% de las veces; más del doble que en tecnología informática o médica, por ejemplo) demuestra que la innovación surge directamente de la investigación puntera en física fundamental. Este hecho se refleja en la formación de los inventores y titulares del sector: más del 58% de los fundadores de empresas cuánticas ‘puras’ tienen un doctorado, una cifra que contrasta con el 10% en la población general de fundadores de empresas.
En este contexto está teniendo lugar una carrera global entre gobiernos y empresas para dominar las plataformas de hardware principales, ya sean las basadas en iones atrapados, fotónica o circuitos superconductores, por citar algunos ejemplos.
La intensidad de esta competición se refleja en la propia estrategia de propiedad industrial: la tasa de internacionalización de las familias de patentes cuánticas (el porcentaje de familias de patentes presentadas en más de una oficina) supera el 31%, más del doble que el promedio del 12% observado en los demás campos tecnológicos. Dentro de la física cuántica, entrando más en profundidad, podemos apreciar también un cambio de foco en la innovación: si bien la comunicación cuántica dominó la década pasada, en 2022 la computación cuántica la superó, convirtiéndose en el principal motor de crecimiento de patentes y creación de nuevas empresas.
Esta carrera global es, además, profundamente asimétrica, revelando una importante fuga de propiedad industrial e intelectual. El ejemplo más extremo es la colaboración entre Estados Unidos e India: existen 275 familias de patentes con inventores indios que trabajan para solicitantes estadounidenses, frente a solo 8 en la dirección opuesta. De manera similar, los países europeos aportan más inventores a las patentes de empresas estadounidenses que a la inversa.
Teniendo en cuenta estos datos, es fácil entender por qué Estados Unidos se mantiene en cabeza en la carrera por el dominio de la tecnología cuántica. El liderazgo norteamericano, sin embargo, no solo se basa en la innovación y la captación de talento externo, sino también en una financiación desproporcionada: aunque Europa alberga un denso clúster de startups, cerca del 60% de toda la financiación privada de capital riesgo para empresas cuánticas se ha destinado a firmas estadounidenses, impulsadas por rondas de inversión significativamente mayores que las de sus homólogas europeas. A pesar de esta desigualdad económica, Europa no se está quedando atrás; con Alemania, el Reino Unido y Francia a la cabeza, ya representa cerca del 25% de las familias de patentes internacionales, acercándose al 30% estadounidense.
Para complicar aún más el enfoque legal y estratégico, esta actividad está impulsada por un ecosistema complejo formado por universidades, startups y grandes corporaciones. Aunque las organizaciones públicas de investigación todavía representan cerca del 20% de todas las familias internacionales de patentes, se encuentran cada vez más acompañadas por gigantes comerciales como Google e IBM, y startups especializadas como Quantinuum o C12, que están construyendo extensas carteras de propiedad intelectual en torno a sistemas físicos concretos.
La respuesta política ante esta realidad no se ha hecho esperar. Más de 30 países han lanzado proyectos nacionales sobre física cuántica, comprometiendo un total estimado de 55.700 millones de dólares. Este dinero no solo está destinado a financiar investigación básica, sino también a impulsar la comercialización y las aplicaciones industriales de los descubrimientos que de ella se deriven.
*** Alexandre Pinsach, físico y consultor de PONTI & PARTNERS.