La “Trump Mission” pasa a cobrar por ventanilla
Por Leandro Renou/Página12
Luke Lindberg, encargado de agro y enviado a la región para ordenar la agenda urgente de la Casa Blanca, se reunió con Caputo y empresarios para avanzar en negocios clave. Apuran la Ley de Patentes que quiebra laboratorios nacionales, habrá más desregulación de importados y menos controles a Alimentos
La generada y trabajada estabilidad cambiaria de Argentina está sostenida en un pilar central: el apoyo financiero de Estados Unidos. Ese bloque de respaldo que la administración Donald Trump le dio al Gobierno de Javier Milei y que no sólo lo salvo de una derrota electoral en las legislativas, sino que lo apuntaló para evitar sobresaltos cambiarios, empezó a cobrarse vía enviados del país del norte a la Argentina. Esta semana estuvo en Argentina Luke Lindberg, en los papeles el Subsecretario de Agricultura para Comercio y Asuntos Exteriores de Estados Unidos, y en los hechos quien llegó para garantizarse que el acuerdo bilateral se aplique cuanto antes con el eje puesto en cuestiones esenciales: la ley de Patentes y derechos de ingresos de productos sin controles. Incluso forzando a que Argentina viole otros acuerdos que se enmarcan el pacto Unión Europea-Mercosur.
Lindberg, que viene de las empresas de salud y antes de la función pública administró carteras de clientes bancarios, se reunión con la cámara estadounidense AMCHAM, con empresas de la Bolsa de Cereales, con la Sociedad Rural y visitó los campos del ex polista Martín Barrantes, dueño de Kheiron, una empresa de clonación de caballos y yeguas en la cual los estadounidenses están interesados. Pero sobre todo trabajó Lindberg codo a codo con el ministro de Economía, Luis Caputo, y el canciller Pablo Quirno, con el objetivo de que quede claro cuáles son las exigencias estadounidenses en temas urgentes. Eso, además, dividió aguas en el Gobierno ente los que apuran el acuerdo con Estados Unidos y los que parecen demorarlo por razones del lobby de empresas privadas.
La visita del enviado de Trump tiene un título rutilante y fílmico, propio de la gestión republicana: “Trump Mission”, se llama, y seguirá, post Argentina, en Ecuador. “Viene por todo, jaja…”, se rieron dos empresarios importantes del agro este jueves, luego de verse con Lindberg. Compartieron esos popes del campo un almuerzo de apertura de un restaurante, una gesta contra-cíclica de la gastronomía en el marco de un gobierno de Milei que fundió al sector. Se congregaron en el restó “La República”, nombre pretencioso con el que la Sociedad Rural abrió un local en Florida al 470, casi esquina Corrientes, un edificio histórico que tendrá a cargo de la cocina al ex intendente PRO de Quilmes y cocinero, Martiniano Molina.
Ese “viene por todo” que refleja lo que dijo Lindberg en las reuniones refiere a exigencias muy border que están en el acuerdo bilateral que es casi unilateral y que se firmó en la desesperación del gobierno de Milei de tener una garantía de entrega a cambio de los dólares que le dan estabilidad política. Los detalles de los pedidos de Lindberg son preocupantes.
Exigencias e interna oficial
La primera exigencia que el estadounidense le hizo a Caputo es la Ley de Patentes, que curiosamente tiene a los legisladores libertarios esquivando el asunto. La administración Trump, vía sus operadores locales, desliza que habría un fuerte lobby de la cámara de laboratorios nacionales CILFA que evita el avance. Es que los laboratorios solían traer productos del exterior y patentarlos aquí, y luego vender las licencias. Eso ya no será tan fácil de hacer, por lo cual fortalece a las empresas extranjeras que tendrán aprobación rápida y directa de sus productos. Ganan las estadounidenses de fármacos.
El tema con patentes es que ya Luis Caputo fue a Washington a garantizar que la modificación del Tratado PTC (sigla en inglés) era un hecho. Pero el pescado sigue sin venderse. Es que en el marco de la redacción de las modificaciones del PTC CILFA ya había logrado eliminar el artículo 2, que daba la posibilidad de que firmas internacionales consiguieran patentar sólo por la vía de un examen internacional, lo cual para Estados Unidos fue una derrota política del Gobierno de Milei y generó acciones paralelas como la llegada de Lindberg para decirle a Milei que ya no hay más márgen de demora.
En ese tema, en el que Caputo “Toto” resiste, se enfrenta con Federico Sturzenegger. El ministro desregulador, que quiere jugar a pleno para Trump y sacar todos los controles al ingreso de extranjeros, no quiere ceder más: Alejandro Cacace, el radical que es su brazo ejecutor en el Parlamento, no pudo evitar que el PRO votara contra el artículo 2 y eso puso los pelos de punta al poder en Washington. En el fondo, la pelea de Caputo y Sturzenegger es la lucha por quien es más fiel a Milei y quien se quedará con el lugar del ministerio de Hacienda. Sturzenegger es un ultra, no negocia. No le gusta perder. Es más Milei. “Toto” navega en esa posición de saber qué hacer, no saber o interpretar por dónde viene la interna oficial sobre el caso particular. Delicado equilibrio.
“Dame el parmesano”
Lo otro que pidió Lindberg, según contaron a Página I12 funcionarios del agro, es que se libere el ingreso de productos alimenticios con preferencia para Estados Unidos por sobre sus competidores.
En uno de los mitines, el enviado de Trump le dijo a Caputo, entre risas, pero con significado político, la siguiente frase: “ministro ¿qué día del mes que viene me entrega el parmesano?”. “Toto” se sonrió, incómodo. No lo estaban bromeando. Lindberg presiona para que esa variante de queso importado –que también se hace a granel en Argentina- tenga prioridad por sobre lo que se importa de Europa, más precisamente de Italia.
Es que en Estados Unidos, hoy, el parmesano es un nombre genérico que pueden utilizar todos los productores. Allí hay un problema: el parmesano reggiano es una indicación geográfica protegida, que bajo el acuerdo Unión Europea-Mercosur sólo puede usarse en esa región y el Mercosur debe garantizar que eso se cumpla. Acá lo que ocurre es exactamente al revés, no sólo porque la Argentina de Milei hace lo que Estados Unidos quiere, sino porque Estados Unidos se opone a esa legislación europea y somete a los socios que la quieren cumplir. El asunto es sensible, porque lo irregular es el acuerdo bilateral que Trump le hizo firmar a Milei, un pacto unilateral que obliga a todos a cumplir los pedidos de Estados Unidos, pero violando otros acuerdos. Por eso, muchos observan que el acuerdo bilateral que firmó el Presidente no sólo es ilegal, sino que pone al país en serio riesgo de juicios internacionales.
También prometió el funcionario del norte “sanciones a Brasil” por cuestiones comerciales que afecten a Argentina. Las situaciones que se dan en las reuniones son algo desordenadas y hasta ficcionales, como esta última, que saben a caramelo de madera para un gobierno de Milei que ya cobró y ahora le vienen a cobrar los favores.
En cambio, otras son más reales. Lindberg le pidió a Caputo acelerar la liberación del ingreso de carne aviar, menudencias bovinas y genética bovina. Parece increíble, pero la Sociedad Rural, por el liderazgo de su presidente y militante de Milei Nicolás Pino, deja correr un tema que está armando bronca en otros frentes.
En el Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA) están que trinan y ya le pidieron al secretario de agro, Sergio Iraeta, que se respete el pedido de reciprocidad comercial que se está violando con el acuerdo de Milei y Trump. Hace más de diez años Estados Unidos está evaluando el ingreso de carne aviar argentina y la historia no se resuelve positivamente para Argentina. Algo que ya había sido advertido por los especialistas.
