viernes, 7 de agosto de 2026

Lío por medicinas de patente en México: esta es la historia

 

 


 MARILUZ ROLDÁN y CLAUDIA JUÁREZ

En México se está librando una batalla silenciosa que puede terminar afectando algo tan cotidiano como el precio de un medicamento. En los tribunales se están reabriendo discusiones sobre patentes que ya habían vencido y, si esa tendencia se consolida, la llegada de genéricos y biosimilares volverá a retrasarse. El asunto está en que detrás del debate jurídico hay millones de pacientes que seguirán pagando más por sus tratamientos.

 

Durante años México se ha caracterizado por respetar con rigor la propiedad intelectual y ese marco dio certeza a la innovación farmacéutica, pero hoy también está generando un efecto no previsto: inhibe la inversión de quienes esperan el vencimiento de una patente para desarrollar medicamentos genéricos.

No es una apuesta menor. Llevar un genérico o un biosimilar al mercado puede tomar hasta siete años y requerir inversiones de entre 50 y 100 millones de dólares, pero cuando un juez revive una patente que ya había concluido, esa inversión queda suspendida en la incertidumbre. El mensaje para quienes buscan competir es simple: las reglas pueden cambiar incluso después de haber cumplido con ellas.

Eso explica por qué varias farmacéuticas han recurrido a los tribunales para extender la protección de algunos de sus productos. Los casos de denosumab, utilizado contra la osteoporosis y algunos tipos de cáncer; bimatoprost, para glaucoma; y semaglutida, el principio activo de Ozempic, son algunos de los ejemplos más visibles.

El caso de la semaglutida es uno de los que más inquieta a la industria. El laboratorio logró una ampliación de protección de datos clínicos por un plazo que no existe en la ley mexicana actual, basándose en tratados que México ni siquiera ratificó. Esto deja a los fabricantes de genéricos, que ya contaban con registros sanitarios aprobados, en una situación de total indefensión.

Dentro de este panorama, Pfizer ha sido señalada como una de las farmacéuticas más combativas en la defensa de sus privilegios comerciales. Cabe recordar que, incluso en contextos de crisis global como la pandemia, esta empresa se mantuvo firme en su rechazo a liberar patentes de vacunas, privilegiando los beneficios económicos sobre el acceso universal. Esta postura agresiva se refleja ahora en los tribunales mexicanos, donde se busca alargar el control del mercado mediante interpretaciones legales que estiran la vida de las patentes más allá de su vencimiento natural.

El problema es que este debate dejó de ser exclusivamente jurídico. También es un asunto de salud pública.

Un llamado a la sensibilidad judicial

Ante esta situación, desde nuestro punto de vista alguien debería sensibilizar a los jueces para que entiendan que este no es sólo un tema de números, sino de derechos humanos. Y desde muchos flancos se puede sensibilizar a los jueces: desde las autoridades de salud, de economía, pero también la industria. La Asociación Nacional de Fabricantes de Medicamentos (ANAFAM) ya ha dado un paso al frente. Sería bueno ver quién más se suma.

Es fundamental que el Poder Judicial considere a las empresas de genéricos como terceras interesadas en estos juicios y que prevalezca el interés social: cada mes que se retrasa la entrada de un genérico significa tratamientos más caros para los pacientes y un mayor gasto para las instituciones públicas. Los medicamentos genéricos pueden costar hasta 75% menos que los productos innovadores. En el caso de Ozempic, por ejemplo, una pluma puede alcanzar los 6,500 pesos en México, mientras que en mercados donde existe competencia el precio ronda los 1,200 pesos. El denosumab supera los 10 mil pesos por tratamiento y su eventual competencia también tendría un impacto importante para quienes viven con osteoporosis o cáncer.

La batalla por los medicamentos en México no puede ganarse si los jueces siguen resucitando "patentes muertas" basándose en tratados inexistentes. La justicia debería ponderar el derecho a la salud por encima del derecho económico de las grandes corporaciones. Solo así podremos garantizar que la innovación farmacéutica no se convierta en una condena financiera para quienes más lo necesitan.

Pfizer entra al radar de la obesidad

Mientras libra otra batalla en los tribunales, Pfizer también empezó a mover sus fichas en uno de los mercados más rentables de la industria farmacéutica: el de los medicamentos para la obesidad.

Después de abandonar algunos proyectos propios, la empresa decidió cambiar de estrategia. En lugar de desarrollar una nueva molécula desde cero, recurrió a quien ya hubiera avanzado.

Así llegó el acuerdo con la biotecnológica china Sciwind Biosciences y en febrero de este año, Pfizer pactó un pago de hasta 495 millones de dólares para obtener los derechos de comercialización de ecnoglutida en China continental, un agonista GLP-1 aprobado para diabetes tipo 2 y que también se perfila como tratamiento contra la obesidad.

La operación refleja que Pfizer no está dispuesta a quedarse fuera del mercado que hoy dominan Eli Lilly y Novo Nordisk con tirzepatida y semaglutida.

Si bien en México todavía no hay señales de que ecnoglutida vaya a comercializarse, hay quien está en la industria que la apuesta es llegar al país y este el movimiento confirma que la competencia se ve venir. En un país donde la obesidad representa uno de los mayores desafíos de salud pública, un nuevo jugador puede modificar el equilibrio del mercado.

origen: https://lasillarota.com/opinion/columnas/2026/8/6/lio-por-medicinas-de-patente-en-mexico-esta-es-la-historia-523600.html