Entre 1978 y 2018, Estados Unidos lideró el listado mundial de solicitudes internacionales de patentes. La base de este dominio se encontraba en un alto nivel de inversión en investigación, mano de obra especializada y un entorno empresarial que fomentaba la generación de nuevas tecnologías. Sectores como la informática, la biotecnología o la electrónica de consumo encontraron en territorio estadounidense un lugar adecuado para el desarrollo de productos vanguardistas.
El ascenso de China desde 2005
A
partir de 2005, China emprendió una escalada que sorprendió por su
rapidez. El número de registros bajo el Tratado de Cooperación en
materia de Patentes (PCT), administrado por la Organización Mundial de
la Propiedad Intelectual (OMPI), creció con fuerza año tras año. En
2019, el país asiático se situó por primera vez por encima de Estados
Unidos, marcando un momento decisivo en la rivalidad tecnológica global.
Este avance no solo refleja la voluntad de las autoridades chinas de impulsar la ciencia y la ingeniería. También hay un trabajo conjunto entre universidades, laboratorios y empresas que reciben un respaldo institucional importante, así como el acceso a un mercado interno inmenso que demanda productos con alto nivel tecnológico.
Repercusiones económicas
La
protección de la propiedad intelectual otorga ventajas al país que
logre un mayor número de patentes. China, al contar con un volumen
elevado de registros, se consolida como un exportador con mayor peso, ya
que puede negociar licencias y acuerdos que incentivan la entrada de
divisas. Para las compañías internacionales, esta dinámica puede ser un
aliciente para colaborar con firmas chinas, con la intención de
aprovechar su competitividad en ciertos segmentos tecnológicos.
En el caso de Estados Unidos, aunque sigue manteniendo un entorno de investigación puntero, la presencia de China como contrincante principal exige renovar esfuerzos en disciplinas emergentes. Así se fomenta la creación de patentes que respondan a nuevos retos y a las exigencias cambiantes de un mercado global cada día más exigente.
Implicaciones geoestratégicas
Más
allá de la dimensión económica, la pugna por el liderazgo en patentes
toca aspectos sensibles de la política internacional. Disponer de un
gran número de registros puede traducirse en la habilidad de establecer
estándares industriales, condicionar la adopción de determinadas
tecnologías y proyectar la influencia de un país a escala mundial.
Para China, consolidar este perfil tecnológico es parte de su aspiración a ganar mayor relevancia en la gobernanza global. Al mismo tiempo, Estados Unidos enfrenta el reto de mantener un alto nivel de competitividad, sobre todo en áreas como la inteligencia artificial, las telecomunicaciones y los sistemas de energía avanzada. Muchas naciones con economías intermedias buscan caminos que les permitan acceder a nuevas ideas sin quedar ancladas a un solo bloque.
El hecho de que China haya rebasado a Estados Unidos rompe con la inercia de cuatro décadas y lanza un mensaje al mundo: la supremacía tecnológica no está asegurada de forma permanente y requiere una apuesta continua por la investigación. Mientras Pekín celebra su posición en la cima de los listados, Washington se ve obligado a reforzar políticas de fomento científico y a examinar cada paso de su competidor. Este escenario anticipa una época de fuertes rivalidades y acuerdos estratégicos, donde la carrera por generar conocimiento seguirá marcando la agenda económica mundial.