viernes, 3 de abril de 2026

Marcas con “IA” al alza en España: domina AI frente a IA y casi dos de cada tres registros están mal protegidos

 

cincodias.elpais

El bum de la industria en torno a la inteligencia artificial ha llegado a las oficinas de propiedad industrial e intelectual, sensores privilegiados de este furor por la tecnología. 

 

Y es que el registro de una marca comercial es clave para abrirse paso en el mercado de forma segura. Sin embargo, un reciente informe alerta del peligro de no blindar suficientemente un proyecto de IA. Casi dos de cada tres solicitudes de marcas con IA (63,66%) presentan alguna brecha en la estrategia legal.

Muchas de estas empresas juegan con el término IA o AI –el acrónimo de inteligencia artificial en inglés– para bautizar sus productos como parte de una estrategia de marketing y branding que intenta aprovechar el revuelo en torno a esta tecnología. Los cantos de sirena son seductores: el término es evocador y perceptible para los buscadores de internet. En 2025 se publicaron hasta 272 solicitudes de marcas de titularidad o representación española con referencia explícita o implícita a la IA, es decir, cuya denominación incluye IA o AI como término autónomo, dentro de una palabra o como prefijo con significado asociado a inteligencia artificial. El dato, recopilado de las bases de datos oficiales de la OEPM (Oficina Española de Patentes y Marcas) y de la Euipo (Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea), destaca en el informe Marcas españolas con referencia a la inteligencia artificial: análisis de solicitudes 2025 y brechas en la estrategia de protección, elaborado por el área de marcas & brand intelligence de Pons IP.

El análisis de fondo de esta gota en el océano de las marcas IA es relevante: la mayoría de los titulares protegen sus sellos exclusivamente para clases de productos propias del software y la tecnología, no para las correspondientes al sector en el que operan, dejando una gatera por la que pueden colarse los competidores y aumentar las posiblidades de denegación de la solicitud en la oficina de marcas.

Mejor en inglés

El estudio destaca la prevalencia del acrónimo inglés AI (44,1%) sobre la sigla española IA (32,4%). Esta particularidad “apunta a que una parte importante de los proyectos de IA en España se diseñan desde el inicio con una proyección internacional y en un entorno donde el inglés es la lengua dominante del ecosistema tecnológico”, señala Manuel Campanero, experto en propiedad industrial y director de la oficina de Andalucía de Pons IP.

El 75% de las solicitudes (204) se tramitaron ante la OEPM, frente al 25% que llamaron a la puerta de la Euipo (68 marcas). Con la importante salvedad de que se trata de un grupo muy concreto de marcas de IA –aquellas que incorporan expresamente este acrónimo–, la proporción “refleja el predominio de start-ups y pymes de tamaño reducido entre los titulares”, indica Campanero. Estas empresas, deduce el experto, “tienden a priorizar la protección nacional sobre la comunitaria, bien por razones de coste, bien por desconocimiento de las ventajas que ofrece la marca de la Unión Europea”.

Desde la Oficina Española de Patentes y Marcas subrayan que las solicitudes de marcas suelen ser “un buen reflejo de la realidad económica y así parece confirmarse también en este caso”. Al tratarse de una nueva tecnología, añaden “ha habido un aumento de solicitudes relacionadas con la inteligencia artificial”. Este furor, apunta, es “apreciable sobre todo desde el año 2020″.

En concreto, amplian desde la oficina española, en la clase 7 de Niza, que comprende principalmente máquinas y herramientas, “hay 11 solicitudes relacionadas con la IA, de las cuales 10 han sido realizadas a partir del 1 de enero de 2020″. La Clasificación Internacional de Niza, un sistema que divide los productos y servicios en 45 clases.

En la clase 9 (software y aparatos e instrumentos científicos o de investigación) “existen 1229 las solicitudes relacionadas con la IA, de las cuales 1002 se han solicitado a partir del 1 de enero de 2020″.

Por otro lado, en la clase 42 (servicios tecnológicos) se contabilizan hasta 938 las solicitudes relacionadas con la IA, “de las cuales 867 se han solicitado a partir del 1 de enero de 2020″.

Cuidado con los genéricos

Una de las estrategias más utilizas para poner un nombre comercial al producto de inteligencia artificial es integrar fonéticamente la sigla IA al final de la palabra (45 marcas, 16,5%), como en hostelerIA o TuristIA. La palabra es fácil de recordar y de vincular al concreto sector. Sin embargo, el peligro de esta fórmula es pecar de falta de distintividad, un problema por el que la Euipo rechazó la solicitud de la marca denominativa OpenAI en 2024. La OEPM, en cambio, ha registrado la solicitud de la compañía de San Francisco, que está en aún en trámite para España.

La vía más segura para registrar marcas que pueden tener algún problema de falta de distintividad es optar por la versión figurativa en vez de la denominativa. La representación gráfica, como en la marca de OpenAI —registrada en la Euipo a nombre de la Fundación OpenAI— incluye colores o formas que sirven para dotar de singularidad.

Brechas

El informe de la consultora Pons IP identifica grietas en la protección de un porcentaje relevante de las solicitudes de registro respecto de este concreto tipo de marcas. Y es que la mayoría solo solicitan exclusividad para las clases 9 y 42, de software y servicios tecnológicos, respectivamente. Según el estudio, un 63,6 % de las solicitudes analizadas cuentan con algun brecha de seguridad. Por otro lado, un 27,6% de las marcas (75) no han solicitado protección tecnológica (mediante las clases 9 y 42), y un 36% (98 marcas) no han gestionado la protección para el concreto sector en el que se comercializa la herramienta. Algo más de un tercio de los registros (36,4%) se han blindado tanto tecnológicamente como sectorialmente.

“Las clases de destino sectorial, como la 36 de servicios financieros, la 44, de servicios de salud o la 45, de servicios jurídico, entre otros, presentan una presencia extraordinariamente baja”, señala Campanero. Para los proyectos tecnológicos, las más habituales son la 9 y la 42 porque “constituyen el núcleo natural de protección de cualquier solución de inteligencia artificial”, explica el experto, que alerta: “La inteligencia artificial no es un fin en sí mismo sino una herramienta que se aplica a sectores concretos”.

Estrategia global

El plan hace aguas si no se especifica la actividad concreta en la que se enmarca el servicio o producto de IA. El estudio revela que solo 8 marcas (2,9%) del universo analizado incluyen la clase 45, el sector jurídico. Uno de los nichos de mayor actividad emprendedora en España durante 2025, con soluciones para redacción de escritos o revisión de contratos. Además, la estrategia para lanzar un producto de IA debe contemplar otras capas de protección. Como señala Pablo López, director de marcas & brand intelligence de Pons IP, “la naturaleza de estos proyectos, que combina tecnología propietaria, datos de entrenamiento, modelos de terceros, interfaces de usuario y servicios finales, exige una aproximación integral a la propiedad intelectual e industrial que va mucho más allá de la elección de las clases de Niza”.

Por ejemplo, el código fuente de una solución de IA podría protegerse como secreto empresarial, sugiere López. Si bien estas creaciones están blindadas desde su origen por la Ley de Propiedad Intelectual, “el modelo de IA entrenado, es decir, el conjunto de pesos y parámetros resultante del proceso de entrenamiento plantea una cuestión más compleja”. Y es que, como explica el experto, “la jurisprudencia europea aún no ha establecido un criterio unificado sobre si los modelos son obras protegibles de forma autónoma o si su protección queda absorbida por la del código”. “En este contexto de incertidumbre, la combinación de propiedad industrial y secreto empresarial es la estrategia más robusta”, concluye López.

Además, una gran parte de los proyectos de IA no desarrollan sus modelos desde cero, “sino que realizan fine-tuning [ajuste] o utilizan APIs [interfaz de programación de aplicaciones] sobre modelos base de terceros como GPT, Gemini… “, expone López. “El incumplimiento de las condiciones de uso, que pueden incluir restricciones sobre el uso comercial del output generado o de utilizar el modelo para entrenar a otras herramientas competidoras, puede exponer al titular a reclamaciones contractuales y, en algunos casos, a acciones por competencia desleal”, previene López. Por este motivo, la revisión de los términos de uso de los modelos base debe ser “un paso obligatorio” en el diseño jurídico de cualquier producto de IA.

¿Solo cuestión de nombre?

Patrones. El análisis morfológico de las denominaciones de las marcas IA estudiadas en el informe Marcas españolas con referencia a la inteligencia artificial: análisis de solicitudes 2025 y brechas en la estrategia de protección, de Pons IP, permite identificar cuatro patrones en la forma de incorporar el acrónimo en el nombre del producto o servicio.

La IA como término autónomo. En un total de 88 marcas de las 272 solicitudes analizadas (32,4%) se utiliza la sigla IA de forma independiente, sin integrarse en ninguna otra palabra. Algunos ejemplos publicados son IA Canarias, GEN-IA o ­EQU-IA.

El uso del acrónimo en inglés (AI). El término anglosajón de inteligencia artificial (AI) aparece en 120 marcas de las estudiadas (44,1%). Este tipo de combinación se utiliza mayoritariamente en proyectos con vocación internacional o en entornos tecnológicos. Marcas como Sigma AI o Lemon.AI se encontrarían en este grupo.

La sigla IA integrada fonéticamente al final de la palabra. El informe contabiliza hasta 45 marcas con este formato (16,5%), que incorpora el término IA en mayúsculas para identificar su función. Se encuentran en este grupo solicitudes de marcas como hostelerIA o TuristIA. Esta estrategia de branding busca una asociación directa y clara con la clase de servicio o producto que se vende. Sin embargo, hay empresas que prefieren diferenciarse evitando precisamente el término IA. Es el caso de Allegra, la nueva herramienta de Aranzadi LA LEY, “un nombre emocional y fácil de recordar sin caer en los típicos nombres de personas o en el uso de IA en el nombre como la mayoría de los competidores”, explican desde la compañía.

La IA como prefijo de un término compuesto. El último grupo (19 marcas, 7%) se compone de denominaciones que arrancan con el acrónimo IA. Por ejemplo, IAGestión o IAFiscal.